jueves, 19 de noviembre de 2009
jueves, 12 de noviembre de 2009
¿Damos Vergüenza?
Ya van más de diez años desde que Colombia fue al mundial de fútbol en Francia 98. Hemos dejado pasar tres oportunidades para volver a asistir al torneo más importante del mundo. Recientemente, fuimos de nuevo eliminados y ahora nos toca esperar hasta el 2012 para intentar clasificar, lo cual no se ve tan viable. No es por ser negativo ni mucho menos, pero el fútbol colombiano va de mal en peor. En la última eliminación hacia el frustrado y tan anhelado mundial, la selección contaba supuestamente con una de las mejores nominas que ha tenido. La gran mayoría de los jugadores juegan en las mejores ligas del mundo en Europa pero, a pesar de esto, en la selección no rinden como lo hacen en sus clubes. Aunque suene feo y sea desagradable de decir, yo creo que a los jugadores que se encargaron de alejarnos de Sudáfrica 2010 solo les importa llenarse sus bolsillos de plata en Europa mientras que la selección de su país natal les importa muy poco, por no decir nada. Se supone que cuando un jugador es llamado a representar a su país es porque está en el tope de su nivel y debe dejar en la cancha el alma si es necesario para darle una alegría a su gente. Desafortunadamente, los jugadores colombianos se conforman solo con participar y no con ganar.
Yo pensé que esta actitud mediocre solo venía por parte de los futbolistas que juegan en el exterior, pero tuve la desgracia de darme cuenta de que los jugadores que pertenecen a los principales clubes colombianos sufren del mismo síndrome. El miércoles pasado fui al estadio El Campín a ver al equipo de mis amores, Nacional de Medellín. La verdad, cada vez que voy al estadio acá, salgo bravo, desilusionado y con pocas ganas de volver. Los jugadores no sienten la camiseta, no la sudan, les da lo mismo si ganan o si pierden. Pero algo muy alarmante es que esta actitud es por parte de jugadores que pertenecen a instituciones grandes de tradición, y que deberían ser un ejemplo para los equipos chicos. Ellos no se dan cuenta de que hay millones de personas que sufren y que en serio sí sienten amor por el equipo, como para que jueguen con tan pocas ganas y con tan alto nivel de mediocridad.
¿Será que va a tocar parar de ponerle tanta atención al fútbol y concentrarnos en otros deportes para ver si tenemos algún tipo de alegría? La verdad no sé, pero así no dan ganas de apoyar a ningún futbolista colombiano, mucho menos a la selección nacional o a cualquier otro equipo. Damos vergüenza.
Yo pensé que esta actitud mediocre solo venía por parte de los futbolistas que juegan en el exterior, pero tuve la desgracia de darme cuenta de que los jugadores que pertenecen a los principales clubes colombianos sufren del mismo síndrome. El miércoles pasado fui al estadio El Campín a ver al equipo de mis amores, Nacional de Medellín. La verdad, cada vez que voy al estadio acá, salgo bravo, desilusionado y con pocas ganas de volver. Los jugadores no sienten la camiseta, no la sudan, les da lo mismo si ganan o si pierden. Pero algo muy alarmante es que esta actitud es por parte de jugadores que pertenecen a instituciones grandes de tradición, y que deberían ser un ejemplo para los equipos chicos. Ellos no se dan cuenta de que hay millones de personas que sufren y que en serio sí sienten amor por el equipo, como para que jueguen con tan pocas ganas y con tan alto nivel de mediocridad.
¿Será que va a tocar parar de ponerle tanta atención al fútbol y concentrarnos en otros deportes para ver si tenemos algún tipo de alegría? La verdad no sé, pero así no dan ganas de apoyar a ningún futbolista colombiano, mucho menos a la selección nacional o a cualquier otro equipo. Damos vergüenza.
